lunes, 13 de enero de 2014

El bolso especial de Lolo

      Érase una vez un perrito muy chiquitín, tanto que de bebé se podía confundir con un suave llavero, y que cuando se hizo mayor tenía el tamaño justo para sujetarlo con una sola mano. Lolo era un chihuahua feliz, alegre, revoltoso y con un carisma que lo hacía único.

 
        Fotografía propiedad de Nekane cedida para publicación en este blog.

        Un buen día, él y su mitad de dos piernas se aventuraron en el mundo de los retales. 

      Acudían cada semana a clase de patchwork con mucha ilusión, a pesar de la inexperiencia, y con inagotable fuerza creadora.

        Fotografía propiedad de Nekane cedida para publicación en este blog.

      Poco a poco, las técnicas fueron saltando de las palabras a la aguja: "crazy", bordados, cintas, festón, aplique... Pero Lolo, nuestro pequeño chihuahua no podía, ni quería, quedarse fuera de lo que ocurría allí. Así que Nekane, su mitad, tuvo la fabulosa idea de inmortalizar a Lolo en la que sería su primera obra de patchwork.

      De un trocito de algodón blanco salió lo que sería su diminuto cuerpecillo, más pequeño aún si cabe que en la realidad; de unos casi imperceptibles retales rosas, sus orejas... y así hasta tener un Lolo hecho de hilo y tela con un aspecto tan vivaracho como el original.



A su lado, y entre costuras, algunos de los adornos que buscaba atrapar con su boquita para jugar: puntillas y flores de colores, una arañita de la suerte y brillantes lentejuelas.


      Pero éste segundo Lolo de tela, tan antojadizo como el primero, pensó que todavía faltaba algo. Necesitaba un árbol que proyectara la mejor y más ansiada sombra en los días soleados, y una bonita caseta para resguardarse del frío "orbayo"...



Las manos de Nekane se pusieron a la obra, y con la semilla de la paciencia hizo crecer un frondoso árbol de cintas y una caseta con su nombre.



Un inesperado día, Lolo nos dejó. Jamás volvió a sus clases de patchwork. Se quedó a vivir en su bolso  especial... y de esa forma, seguir cerca de los suyos. Por eso hoy le dedicamos este homenaje.


A nuestro pequeño, pero a la vez, gran Lolo, por su chispa, sus "ruiditos", sus incesantes muestras de cariño y su incomparable compañía. Insustituible, siempre tendrá un huequito en los corazones de los que tuvimos el privilegio de conocerlo.

Y la historia, aunque no lo creáis, termina con final feliz, porque días después, una perrita llamada Ninfa, dulce y cariñosa, olvidada en una protectora, fue elegida por la familia de Lolo. Y así pasó de ser una perrita sin esperanza, a convertirse en una perrita feliz. Esta fue la herencia de Lolo.



Por Lolo, por Ninfa y por todos esos animales (de raza o sin ella) que se entregan al 100% a cambio de bien poco. No dejemos que la crisis llegue también al amor.

Gracias por haber pasado por aquí... ¡Hasta pronto!

6 comentarios:

Eva dijo...

Brindo por esos momentos que habeis compartido con Lolo. Porque al final, se convierten en algo más que un animal. Un beso

sonia dijo...

El bolso es monísimo... Feliz año chicas!

maritza dijo...

Está divina esta entrada!!! es un lindo homenaje a Lolo...al que tanto cariño brindó mientras compartió su vida con las personas que tanto le querían. Un besote guapa

Dispersa Desastre dijo...

Que lindo homenaje! Y que buen recuerdo. Estupendo. Besucos.

Carmen y Prady dijo...

Hermosisima entrada. Un gran homenaje a Lolo que quiso a los suyos, como solo los animales saben hacerlo.
Un besote cielo.

Flor dijo...

Siento lo de Lolo, pero me alegro por Ninfa